TEORÍAS TRIÁDICAS

La concepción  diádica del cerebro humano, que lo analiza desde una fragmentación  simple de dos hemisferios, tiene una serie de limitaciones que no logran abarcar toda lo complejidad del cerebro. Al respecto, es indispensable apoyarnos en  las teorías tríadicas que no excluyen las anteriores, sino que las complementan.

 

Dentro de los procesos incrementales de desarrollo humano, una de las características más fundamentales del ser humano es que a medida que éste evoluciona en su escala filogenética, conserva las primeras estructuras funcionales, ya que el cerebro crece  de dentro para fuera; es decir a partir de las estructuras más primigenias a nivel evolutivo (organismos neuronales-cuerda neural-tronco cerebral reptiliano-sistema límbico-neocórtex-neocórtex complejo). De esta manera, es necesario comprender que el cerebro humano se vuelve más propicio a ser modificado, como órgano social que es, por las experiencias del aprendizaje y específicamente  por proceso   de transmisión lingüística de tipo oral y escrito; originando de esta forma comportamientos menos programados.

 

La concepción tríadica de los tres cerebros de Mc Lean (1973), parte de un principio teórico que consiste en la necesidad de  comprender la diferencia entre lo que sentimos y lo que sabemos, en palabras de Mc Lean: “Sugerí que en tanto nuestras funciones intelectuales son mediadas por la parte nueva y más altamente desarrollada del cerebro nuestra conducta afectiva continúa  dominada por un sistema relativamente crudo y primitivo” (p.66).

 

Lo más original de este Neurofisiólogo fue el de asociar  con el término “Sistema límbico”  el concepto anatómico del gran lóbulo límbico de Broca (1878), y el concepto fisiológico de los circuitos de las emociones de Papez *(1937). De esta forma lo que hizo fue combinar dos ideas antiguas, una del siglo pasado y otra de la década del 30.

 

El cerebro triúnico de Mc Lean, corresponde a la superposición de tres cerebros en términos evolutivos, el paleoncéfalo, el mesocéfalo y el córtex. Con relación al primero, se conoce también con el nombre de cerebro reptílico el cual es  hereditario e inconsciente, siendo el refugio de los instintos, la agresividad, los impulsos primarios, del celo y la alarma para nuestra sobrevivencia. En términos biológicos el cerebro reptílico se encuentra constituido por: el bulbo raquídeo, el tronco cerebral, el cuerpo reticular, el cerebelo etc. Su identificación funcional se basa en la acción y el movimiento, recordemos al respecto que el sistema nervioso está fundamentalmente ligado a la capacidad del movimiento. De ahí, la gran importancia de su conocimiento, especialmente en lo relacionado con los procesos finos  de la escritura.

 

El segundo cerebro o Mesoencéfalo (Sistema Límbico), es producto del salto evolutivo del reptil al mamífero. Existen muchas evidencias científicas  que hacen plantear que el sistema límbico se encuentra vinculado  con la inteligencia emocional, la conducta sexual, las reacciones de miedo y cólera y que el hipocampo que hace parte de el,  esté vinculado con la memoria reciente. El sistema límbico se encuentra constituido por las siguientes regiones de sustancia gris: Lóbulo límbico, formación del hipocampo, cuerpo amigdalino, hipotálamo y núcleo  anterior del tálamo. El álveo, cuerpo franjeado, trígono, haz mamilotalámico y la estría  terminal constituyen las vías conectoras de este sistema.  En síntesis, el septo  se encarga de la  procreación y preservación de la especie y el tálamo involucra  las relaciones sociales y familiares. 

 

El último cerebro, planteado por McLean, se refiere al córtex  que no es más que una masa celular hipertrofiada que envuelve las estructuras del sistema límbico, originando los dos hemisferios característicos del cerebro   

 

Lo que sentimos y lo que pensamos

 

Para comprender la diferencia entre lo que sentimos (sistema límbico) y lo que pensamos (Neo-córtex, es necesario comprender, que al nacer contamos con casi todas las neuronas que habremos de tener en nuestra vida, ya que el aumento del tamaño de la masa cerebral no se debe al incremento muscular  o al número de células, sino a los cien trillones de interconexiones  en serie y en paralelo que se producen en la última capa cerebral (neo-córtex).  Lo anterior es lo que fundamentalmente  nos diferencia de nuestro primo hermano “el chimpancé”, pues el 98,4% de nuestra dotación genética es similar, es decir de 30.000 genes que tiene el ser humano sólo 50 nos diferencian del chimpancé.  El córtex envuelve las estructuras de encéfalo en los mamíferos superiores, formando los dos hemisferios característicos, sin embargo para Edgar Morin,  el córtex se hipertrofia  en los humanos en un neo-córtex que es la base de las habilidades  analíticas, lógicas, estratégicas que la cultura permite actualizar completamente. Para este autor es fundamental la tríada vio-antropológica del cerebro – mente – cultura.

 

Para Morin las relaciones entre los tres cerebros no solamente son complementarios, sino también antagónicos, implicando los conflictos muy conocidos entre la impulsividad, el corazón  y la razón. Según Morín (2001) “La relación triúnica no obedece a una jerarquía razón – afectividad – impulso; hay una relación inestable, permutante, rotativa en estas tres instancias”. (p.54)

 

La racionalidad del neo-córtex, puede ser frágil o efímera, pues puede ser dominada e incluso anulada por el principio del placer del sistema reptílico, hecho este que se evidencia en muchas de nuestras prácticas sexuales.

 

A partir de la concepción triúnica de McLean, y de otros teóricos como Waldemar De Gregori (1999)  propone una visión tríadica de tipo sinérgica en la cual los tres cerebros funcionan como una totalidad integrada, es decir, son tres procesos mentales distintos, pero interligados.  Para éste se pueden agrupar las funciones mentales en tres bloques (p.27).


 

El circuito de Papez  consiste, en que existe un mecanismo intracerebral para regular las emociones, el cual tiene importantes conexiones  con el Hipotálamo, conocido por ser el centro regulador de los estados interno del organismo  y del funcionamiento visceral.

CARLOS ALBERTO JIMÉNEZ VÉLEZ
Mg. Comunicación y Educación
www.neuromarketing.com.co

 




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