|
TEORÍAS
DIÁDICAS

Las teorías diádicas sobre el
cerebro humano plantean que cada uno de los hemisferios
cerebrales percibe, memoriza, procesa, conceptualiza,
interpreta de forma independiente, siendo el hemisferio
izquierdo mucho más eficaz en el procesamiento del lenguaje,
la escritura y el cálculo y el derecho en otras tareas
complejas relacionadas con la imaginación, intuición, la
percepción y la fantasía. Para algunos investigadores como
Roger Sperry la intuición es función del hemisferio derecho,
mientras que el análisis lo es del izquierdo. Los
planteamientos anteriores surgieron del estudio de sujetos a
los cuales se les había seccionado el cuerpo calloso que
unía los dos hemisferios.
En las actividades de tipo
cotidiano, como caminar, saltar, jugar, correr, hablar, leer
escribir, el hemisferio izquierdo y el derecho trabajan en
forma equipotencial y sinérgica, es decir, es un trabajo
armónico y sincronizado, en el que a pesar de existir una
serie de especializaciones en cada uno de los hemisferios,
este órgano tiene la capacidad de trabajar como “cerebro
total” uniendo los diferentes mecanismos de procesamiento de
información de los dos hemisferios, a través del cuerpo
calloso. Este órgano se encuentra conformado por más de 200
millones de fibras que producen 4 mil millones de señales
por segundo de un lado a otro de los hemisferios.
Refiriéndose a lo anterior Ballin Klein nos dice que
“cuando tenemos frente a nosotros una flor, no estamos
conscientes de dos fragancias, una desde cada fosa nasal, o
de dos flores, una desde cada retina” (Citado por Jiménez
2006 p.18). Esto
nos demuestra con claridad que cada uno de los hemisferios
sabe lo que el otro está procesando, lo que sucede es que el
hemisferio izquierdo es verbal y el hemisferio derecho es no
verbal. De esta forma no existe una doble visión, ni una
doble condición, ni un olfato doble, ni una conciencia doble
sino más bien de tipo unicameral abarcante u holística.
En consecuencia, lo anterior se
puede ilustrar metafóricamente con la historia de dos
marineros gemelos embarcados en un largo viaje. Uno es un
tipo locuaz y analítico (hemisferio izquierdo), y el otro
es mudo y, en ocasiones, soñador (hemisferio derecho). El
hablador se pasa todo el tiempo haciendo serios cálculos
con la ayuda de sus cartas e instrumentos. Su hermano, sin
embargo, tiene una misteriosa habilidad para predecir las
tormentas, los cambios de las corrientes y otras condiciones
de navegación, informando de ellas por medio de signos,
símbolos o dibujos. El marinero analítico no se atreve a
fiarse de los consejos de su hermano, porque es incapaz de
adivinar de dónde proceden. De hecho, el marinero silencioso
tiene acceso instantáneo, como si dispusiera de una radio a
un abundante banco de datos que le confiere una perspectiva
sobre el estado del tiempo como la que tendría desde un
satélite. Pero es incapaz de explicar la complejidad de este
sistema por lo limitado de su capacidad de comunicar
detalles. Con lo que su parlante y “racional” hermano acaba
por no tenerle en cuenta de todos modos. Y él muchas veces
tiene que limitarse a contemplar, frustrado e inerme, cómo
la embarcación camina derecha hacia el desastre. Siempre que
sus mutuas opiniones entran en conflicto, el marinero
analítico se empeña obstinadamente en seguir sus propios
cálculos, hasta que un día se tropieza por casualidad con un
esquema de los elementos que componen el banco de datos de
su hermano, y se queda abrumado. De pronto cae en la cuenta
de que al ignorar las opiniones de su hermano gemelo, ha
estado efectuando la travesía con una información a medias.
(Ferguson: 1998 p.137)
El hemisferio izquierdo es un
órgano capaz de organizar informaciones nuevas para
reordenar el conjunto de estructuras cognitivas existentes,
pero es incapaz de generar nuevas ideas como lo hace el
hemisferio derecho, el cual ve el contexto y por ende su
significado; pero es incapaz de verbalizar lo que sabe, pues
sus mecanismos de procesamiento necesitan ser reconocidos y
reformulados por el hemisferio izquierdo. En consecuencia,
es muy importante conocer los diferentes procesos que
suceden en cada unos de los hemisferios cerebrales.
Según Ivan Pavlov (1936), "La experiencia
muestra claramente que existen dos categorías de individuos:
Los artistas y los pensadores, que se diferencian en forma
tajante. Los artistas abarcan la realidad en su conjunto,
como una entidad viviente, completa e indivisible. Por su
parte, los pensadores, disecan la realidad, reduciéndola
temporalmente a un esqueleto, después reúnen progresivamente
los pedazos e intentan volver a insuflarles vida"(Citado por
Gopegui. p. 83).
A través de la historia se ha creído que uno
de los hemisferios actúa como dominante, o que se encuentra
más desarrollado y por lo tanto es más activo; el problema
para Gopegui radica en que existen sujetos con hemisferios
diferenciados y otros que los tienen iguales. "Los primeros
lógicamente deben de dar origen a los especialistas en
procesar información en serie, que evidentemente, pueden ser
considerados más como pensadores que como artistas, por
tener una mentalidad fundamentalmente analítica, mientras
que los segundos deben dar origen a los especialistas en
procesar información en paralelo, que serán más artistas que
pensadores, por tener una mentalidad más apropiada para los
procesos globales o de síntesis"(Citado por Jiménez: 1995 p.
20).
Predominio hemisférico
El procesamiento de información
de cada uno de los hemisferios ha sido estudiado a nivel del
desarrollo del conocimiento, tanto por teóricos de la
cultura occidental como de la oriental. Las investigaciones
de Flourens, Broca, Sperry pudieron demostrar que el
predominio hemisférico es propio del cerebro humano, pero no
de los cerebros de los animales. Es necesario aclarar al
respecto que ni el cerebro ni la mente de un niño es una
tábula rasa como se creía anteriormente, pues la
equipotencialidad de los hemisferios cerebrales requiere de
un cerebro integrado.
El hemisferio derecho, por su
capacidad holística de percibir totalidades y no fragmentos
como el hemisferio izquierdo, es esencial para comprender el
contexto y detectar los diferentes sentidos que tienen las
cosas, cuando se requiere “aprender a aprender”,
que en síntesis, no es más que aprender las relaciones
existentes entre las cosas. Al respecto lo que se encuentra
descontextualizado y sin sentido no tiene objeto para el
cerebro humano: la luz sin la oscuridad no existe, una curva
es cóncava pero puede ser convexa al mismo tiempo, la
velocidad y la dirección de la luz en el aire es diferente
en el agua, una lengua sin su gramática no existe, muchos
juegos necesitan de sus reglas etc. Es decir, en donde no
hay contexto o referente no hay sentido. De esta forma es
como el hemisferio derecho actúa encargándose de detectar
estas pautas y de percibir holísticamente.
Lo anterior podría entenderse
como una gran paradoja didáctica que todavía no ha podido
entenderse en la pedagogía y por consiguiente los procesos
didácticos en la escuela se vuelven improductivos; por la
ausencia de conocimientos sobre cómo funciona el cerebro
humano y en especial un proceso cognitivo. En palabras del
antropólogo Edward Hall: “indefectiblemente nos
enseñan a no establecer conexiones”.
Esta complejidad
cerebral requiere de entretejer o hilvanar los procesos
aislados de los dos hemisferios cerebrales. Esto es
lo que hoy en día se debe trabajar a nivel pedagógico, pues
los procesos sólo tienen sentido sólo cuando se les pone en
relación con otros procesos. He ahí lo fundamental de
entender lo que hacen el 99.98% de las neuronas asociativas,
para poder intervenir pedagógicamente con herramientas que
permitan dichas asociaciones cognitivas.
En consecuencia, para
fortalecer las debilidades en el hemisferio derecho se
propone entre muchos otra cosas, el uso de: mapas
cognitivos, mapas emotivos, mapas conceptuales, mapas
holoárquicos, uve heurísticas, mandalas, paradojas,
técnicas sinéstesicas y cenestésicas, técnicas de
respiración relajación, estados alterados de conciencia,
experiencias directas, utilización de la fantasía como
observador y protagonista, y utilización de la lúdica como
experiencia cultural.
Lo anterior, en síntesis, hace
que el aprendizaje se base en establecer conexiones, que
pongan en relación lo nuevo con lo ya conocido, similar a lo
que ocurre con todas las interconexiones de las 15.000
millones de neuronas existentes en sólo la corteza cerebral.
Mente integrada
Como ya habíamos precisado
anteriormente a las 10 semanas ya pueden detectarse la
configuración de los dos hemisferios del feto. Lo anterior
implica en cierta medida, que el niño ya tiene una mente
integrada al nacer, debido a que el proceso de maduración
nerviosa se inició desde el momento de la concepción. Al
respecto Klein nos comenta que “los estudios de la imitación
en los recién nacidos (sacar la lengua cuando el padre la
saca) sugieren que el neonato inicia su vida con un cerebro
integrado y una conciencia unicameral” (Citado por Jiménez,
2001: p.97).
En este orden de ideas, para
Sam Keen (1992): “El cuerpo es un museo vivo de historia
natural en donde se recapitula todo el drama de la
evolución. Los estudios sobre el desarrollo del feto
muestran que desde su concepción hasta su nacimiento el
niño, tiene que pasar por todas las fases de la evolución.
En el camino hacia nuestra forma humana recorremos la
jerarquía evolutiva. Antes de desarrollar pulmones tenemos
branquias. Glen Doman ha demostrado al trabajar con cerebros
de niños dañados que si no nos deslizamos sobre el vientre
como las serpientes ni andamos a cuatro patas como cachorros
resulta que no se desarrollarán correctamente la médula pons
y el cerebro central, los llamados cerebros de reptil y
mamífero (p.159).
En síntesis, es necesario
precisar que es incorrecto decir que en el cerebro humano
un hemisferio determinado pueda desempeñar alguna función
cognoscitiva especializada; mientras que el otro carece
completamente de tal capacidad. Por ejemplo: No es el caso
que al escribir en el computador, el hemisferio izquierdo
solamente procese las teclas, mientras que el hemisferio
derecho procesa la imagen total del monitor. Ambos pueden
tener la capacidad para hacerlo. Lo mismo sucede cuando
aprendemos a leer o a pintar, siendo necesario ser
cuidadosos con la aplicación de las teorías diádicas, pues
de cierta forma sería desconocer la plasticidad cerebral,
cuando por uno u otro motivo existe una enfermedad, un
desorden psicológico que anule alguna de las funciones de
los hemisferios.
CARLOS
ALBERTO JIMÉNEZ VÉLEZ
Mg. Comunicación y Educación
www.neuromarketing.com.co |